Lunes, 1 septiembre, 2014

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Noticias, seguridad, Tecnología

 Los insectos resuelven 150 casos

La Policía utiliza estos parásitos para asesinatos, asuntos de drogas, robos y terrorismo

Cualquier insecto, incluso una larva, junto al cuerpo del delito servía a Gil Grissom, el famoso criminalista biólogo experto en Entomología de la serie estadounidense CSI Las Vegas, para determinar la hora de la muerte, el modo e incluso hasta el nombre del asesino. Al margen de toda la ficción de CSI, estos animalillos sí son en realidad unos grandes detectives en potencia.

Los insectos están en todas partes y cuando se comete un asesinato o se produce un delito son los primeros en llegar a la escena del crimen, incluso antes de que aparezcan las autoridades. Por ello, la Policía los utiliza para resolver sus casos, y ya en estos últimos diez años han ayudado a aclarar 150 sucesos.

El primer organismo que utilizó este método, conocido como Entomología Forense, fue el Cuerpo Nacional de Policía. Su laboratorio, creado hace diez años en el seno de la Comisaría General de la Policía Científica, aborda anualmente unos 30 casos. Aunque la aplicación principal de la Entomología Forense ha sido y sigue siendo, determinar con cierta precisión el momento de la muerte, los insectos no son sólo usados en los casos de asesinato. Cada vez su presencia adquiere más importancia en asuntos de tráfico de drogas, robo de vehículos, e incluso terrorismo.

En sí, la Entomología Forense, ya presente como un auténtica rama médica desde el siglo XIX, es el estudio de los insectos asociados a un cuerpo muerto para determinar el tiempo transcurrido desde el fallecimiento. De hecho, se ocupa del estudio de los dípteros y coleópteros que colonizan y se alimentan de un cadáver en descomposición. Esta observación permite a la Policía señalar sospechosos o desechar coartadas.

Algunas especies de moscas, como las Calliphoridae, conocidas como las moscas de la carne, constituyen un fiel ejemplo de los insectos que pueblan los cadáveres. Estas moscas acuden de inmediato a los difuntos, incluso antes de que el fallecido haya expirado, y depositan sus huevos en las mucosas o en las heridas abiertas. A partir de ese momento, sucesivas oleadas de insectos visitan el cuerpo en descomposición en función de sus apetencias necrófagas, la estación del año, la temperatura, la humedad o el lugar en el que se haya abandonado el cadáver.

Además de ayudar a determinar el intervalo y la situación post mórtem de los cuerpos, los investigadores analizan también los animales que se han alimentado del cadáver a la búsqueda de drogas, venenos o restos de pólvora, que puedan arrojar luz sobre las causas de la muerte. En ocasiones, también se examinan los estómagos de las larvas localizadas en la supuesta escena de un crimen a la búsqueda de restos de ADN de una posible víctima. Esta técnica ha servido, en algunos casos, para identificar a una persona fallecida, cuyo cuerpo todavía no había aparecido, ya que fue trasladado y escondido después de la muerte.

Debido al éxito de la Entomología Forense, en los últimos años, el laboratorio ha ampliado su campo de estudio en delitos como el narcotráfico. En este sentido, se utilizan los insectos para localizar las rutas por las que ha pasado la droga o la ubicación de los laboratorios clandestinos en los que se procesan los alijos. Según la Policía, uno de estos informes permitió identificar el origen de un laboratorio de narcotraficantes, al hallarse bolsas repletas del coleóptero Mylabris phalerata, un insecto procedente de China y del Sudeste asiático.

En los últimos tiempos, la Policía también analiza los insectos adheridos a la carrocería de los coches implicados en delitos o incluso utilizados en atentados terroristas, para averiguar el itinerario seguido antes de ser descubiertos por la Policía. La Entomología se usa igualmente en casos de maltrato o abandono de menores y ancianos, en los casos en los que algún insecto haya llegado a parasitar el cuerpo de la víctima.

El laboratorio de Entomología Forense de la Policía, dirigido por dos biólogos, cuenta ya con un amplio catálogo de especies identificadas que sigue creciendo día a día gracias a los ejemplares vivos que se recogen in situ y que después se crían en la instalaciones del complejo policial de Canillas, en Madrid.

La Policía Científica también experimenta con cadáveres de cerdos, animales anatómicamente muy parecidos al ser humano, para estudiar minuto a minuto el proceso de descomposición y los insectos que acuden a alimentarse, ya sea al aire libre o en estancias cerradas.

En países como EEUU, estos experimentos se realizan con cadáveres humanos donados para la ciencia. Es el caso de la Universidad de Tennessee que cuenta con la llamada “granja de cuerpos”, una finca donde decenas de cadáveres son objeto de estudio en todas las situaciones posibles en un crimen: enterrados, sumergidos en el agua, en ataúdes o abandonados en el interior de algún vehículo.

Gracias a El Correo Web.

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